30/12/2004 LANCIA
La plaga de las cajas de cambio de seis velocidades ha contagiado al Phedra. La verdad es que dado su espíritu viajero lo venía pidiendo a gritos desde sus comienzos.
Pruebas - PRUEBA/ Iván Solera
Un buen día el grupo Fiat-Lancia-Alfa Romeo decidió firmar otro acuerdo más con el grupo PSA (Peugeot-Citroën). De este acuerdo nacieron los ya veteranos Citroën C-8, Peugeot 807, Fiat Ulysse y Lancia Phedra. Se trata de un mismo modelo base de monovolumen al que cada marca se encarga de aderezar y personalizar. De todos ellos el Phedra es el más elegante, el más equipado y el menos agraciado... aunque sobre gustos no hay nada escrito.
Sus rasgos diferenciadores exteriores son los grupos ópticos traseros alargados muy similares a los del Ulysse (por eso de que son de la misma tierra) y el morro presidido por la clásica calandra de seis puntas cromada de Lancia.
Más diferencias
Con los interiores ocurre lo mismo que con el diseño exterior, son muy parecidos pero no iguales. El Phedra destaca por un equipamiento de serie más completo y detalles que marcan su clase. Se desmarca del resto con un salpicadero forrado en piel vuelta, el navegador de serie, los asientos con regulación eléctrica, tapicería de cuero, sensores de aparcamiento, puertas traseras eléctricas, etc.
Amplitud y diseño
El Phedra es capaz de alojar a 7 ocupantes adultos con total comodidad, eso sí, los de la tercera fila tendrán algo menos de hueco para las piernas y notarán más los cabeceos de la carrocería. El puesto de conducción te ofrece una sensación de amplitud impresionante, la distancia a la que se encuentra el parabrisas, la altura de éste, la ausencia del cuadro de instrumentos tras el volante y las grandes ventanillas son los culpables de ello. La altura del vehículo (1.752 mm) nos hace pensar que la postura será más elevada de lo que en realidad es. Exagerando un poco podemos decir que las piernas van casi tan flexionadas como en una berlina.
Los mandos se encuentran bien situados y son fáciles de usar, pero el cuadro de instrumentos principal en el centro del salpicadero y la 'cupulilla' tras el volante obligan a desviar la mirada más de lo normal.
La gran novedad
El propulsor elegido es el viejo conocido cuatro cilindros de 2.179 cc con 16 válvulas de origen Peugeot. Desarrolla una potencia máxima de 128 CV a 4.000 rpm y un par máximo de 314 Nm a 2.000 rpm. Para mover los 1.825 Kg en vacío del Phedra con más soltura que antes y de paso ahorrar un poco en carretera se ha optado por montar una caja de cambios de 6 velocidades. Aun así las aceleraciones y recuperaciones no fascinarán a nadie, pero con un escalonamiento del cambio más cerrado podemos aprovechar mejor lo que nos ofrece el propulsor. El consumo medio declarado es de 7,3 litros a los 100, 0,1 litros menos que la versión de 5 velocidades. Durante la prueba el consumo medio osciló entre los 9 litros en vacío y 9,9 en carga.
La aceleración de 0 a 100 es similar a la del modelo de 5 velocidades, 12,6 segundos, pero curiosamente la velocidad máxima es 2 km/h inferior, 180 frente a 182 km/h. Esto se debe a que en el modelo de 5 velocidades la relación más larga está más ajustada al rendimiento del motor, sin embargo con el cambio de 6 marchas la 5ª se queda algo corta y la 6ª algo larga si buscamos la velocidad máxima.
Un gigante en la urbe
Lo mejor de los coches modernos es su polivalencia, están pensados para un uso en concreto, pero en la mayor parte de los casos no desmerecen en otro tipo de utilizaciones. Aunque su terreno favorito sean las grandes carreteras el Phedra no se mostrará hostil para acercarnos cada día al trabajo, ir a hacer la compra o subir el domingo a la sierra.
En ciudad su buena visibilidad nos ayuda a movernos entre el tráfico, pero habrá que tener en cuenta las dimensiones 'del cacharro'. Además los retrovisores exteriores se encuentran algo retrasados (como en la mayoría de los monovolúmenes y berlinas altas) obligándonos a girar un poco la cabeza y desviar la mirada del frente. Al maniobrar los avisadores acústicos nos ayudarán a no marcar el paragolpes trasero, pero ojo con el delantero que no se ve el final del morro y no lleva avisadores.
En carreteras de montaña el ritmo debe ser relajado, no por problemas de estabilidad ni agarre, sino por los balanceos de la carrocería. El peso y la altura se dejan notar, inclinando de lado a lado la caja y abalanzándose sobre las curvas en cuanto corramos más de lo que debemos.
De viaje y en familia
Otro cantar son las autopistas y autovías, aquí es donde el Phedra se encuentra como pez en el agua. En vacío se mueve con soltura y sin necesidad de cambiar muchas veces de velocidad, mejor, porque el tacto del cambio es bastante impreciso. En carga la dirección se vuelve más bailona y los balanceos de la carrocería se hacen más pronunciados y contundentes, pero manteniendo un ritmo racional su conducción no precisa de dotes especiales. Sólo hay que tener en cuenta el peso que movemos al acercarnos a las curvas y al realizar adelantamientos, ya que las frenadas, recuperaciones y aceleraciones se verán más comprometidas.
El espacio que nos ofrece, su equipamiento y la suavidad de funcionamiento hacen del Phedra una buena opción para viajar en familia. Pero no nos engañemos, en el momento en que seamos más de cinco el maletero pasa a ser mínimo y habrá que ir pensando en acoplar un cofre en la baca o llevar sólo una muda para poder acoplar el equipaje.
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